Empezamos la visita en un punto que, a primera vista, no parece anunciar nada extraordinario. Frente al Palacio de Valdecarzana (o casa de Baragaña), la piedra se impone como una excepción en un paisaje urbano que, durante siglos, fue esencialmente de madera.

Imagen 1. Palacio de Valdecarzana (casa de Baragaña), Avilés.
Fachada del principal edificio civil conservado de la villa medieval, ejemplo de arquitectura nobiliaria en piedra frente al predominio de estructuras de madera en el entramado urbano bajomedieval. Fuente: elaboración propia a partir de documentación histórica (Ureña y Hevia 1995)
Aquí, donde hoy el visitante apenas percibe el eco del pasado, late el corazón comercial de la Avilés medieval. No es difícil imaginar las puertas abiertas en la planta baja, funcionando como lonja, mientras mercancías procedentes de Burdeos llegaban a este enclave atlántico que, aunque modesto, participaba de redes comerciales de largo alcance.
La visita comienza a desplegarse como un regreso. Caminamos por la actual calle de la Ferrería, pero en realidad transitamos por la arteria principal de la villa medieval, el eje que unía el alcázar con la campa de la iglesia de San Nicolás de Bari (hoy iglesia de San Antonio de Padua). El suelo que hoy pisamos, regularizado y domesticado, fue en otro tiempo irregular, húmedo, sin saneamiento, saturado de olores y de vida. Aquí se celebraban incluso juegos ecuestres como la carrera de las sortijas, en una calle que era tanto espacio de tránsito como escenario social.
La ciudad medieval no se organizaba solo por calles, sino por funciones. Entre la Ferrería y la calle del Sol se extendía la llamada calle del Azogue, donde se concentraban los intercambios: carnicería, pescadería, venta de productos básicos. La ciudad se entendía a sí misma como mercado, como lugar de encuentro. Y, sin embargo, también como espacio vulnerable. Los incendios (especialmente el de 1478) marcaron profundamente su fisonomía. La madera, omnipresente, convertía la villa en un organismo frágil, expuesto tanto al accidente como a la violencia política.

Imagen 2. Calle de la Ferrería, Avilés. Eje principal del urbanismo medieval avilesino, articulador de la actividad comercial y social de la villa, con presencia histórica de soportales de madera y espacios de intercambio. Fuente: Ayuntamiento de Avilés, “Calle de la Ferrería”, https://aviles.es/w/calle-la-ferreria 1
A medida que avanzamos, la arquitectura nos habla. Los soportales, originalmente de madera, sostenían la vida cotidiana. Las familias nobles buscaban instalarse aquí, en el centro de la actividad. Pero el verdadero núcleo, el centro simbólico, era la campa de la iglesia. San Nicolás de Bari, de origen románico tardío, no es solo un edificio religioso: es el lugar donde la comunidad se reconoce como tal.

Imagen 3. Iglesia de San Nicolás de Bari (actual San Antonio de Padua), Avilés.
Templo de origen románico vinculado al núcleo fundacional de la villa, centro religioso y simbólico del espacio urbano medieval.
Fuente: fotografía del autor.
En uno de sus laterales, la capilla de los Alas (siglo XIV) se presenta como un espacio de memoria familiar, un mausoleo que condensa la aspiración de permanencia en un mundo inestable.

Imagen 4. Capilla de los Alas, Avilés.
Mausoleo familiar del siglo XIV, ejemplo singular de arquitectura funeraria nobiliaria en el norte peninsular, vinculado a la consolidación de linajes urbanos en la Baja Edad Media.
Fuente: elaboración propia.
La piedra aquí no es solo materia: es tiempo detenido, es identidad.
Pero la ciudad no termina en sus iglesias ni en sus calles. La ciudad se define, sobre todo, por sus límites. Y es hacia ellos hacia donde nos dirigimos ahora.
Descendemos hacia la antigua rampa que conducía al puerto. Este gesto (bajar) no es casual: la ciudad medieval de Avilés estaba profundamente vinculada a su ría. Sin embargo, para comprender la muralla que vamos a recorrer, es necesario retroceder aún más, hasta los orígenes de la villa.
Avilés no nace como ciudad romana, sino como una pequeña aldea en el seno del Reino de Asturias. Será la concesión del fuero (en torno al año 1100) la que transforme ese núcleo inicial en una villa con entidad jurídica y urbana. Este gesto político no es menor: el fuero no solo otorga privilegios, sino que establece un marco de control del territorio.
La muralla, en este contexto, no es únicamente una estructura defensiva. Es la materialización de un orden.

Imagen 5. Trazado hipotético de la muralla medieval de Avilés.
Reconstrucción del perímetro amurallado de la villa, de forma oval y aproximadamente 800 metros de desarrollo, basada en fuentes documentales y evidencias arqueológicas.
Fuente: García Álvarez-Busto, Suárez Manjón y García Fernández (2022).
El recinto amurallado de Avilés alcanzaba aproximadamente 800 metros de perímetro en época bajomedieval.2 Contaba con puertas, torreones y elementos defensivos que regulaban el acceso. La puerta del Alcázar, por ejemplo, no era solo un punto de entrada: era un lugar de poder.
Sin embargo, lo que hace especialmente interesante la muralla de Avilés no es tanto su monumentalidad como su capacidad de desaparecer… y de permanecer. Durante siglos se pensó que la muralla había sido completamente destruida en el siglo XIX.3 Pero la arqueología reciente ha demostrado que esa desaparición era solo aparente.

Imagen 6. Restos de la muralla integrados en edificaciones, calle de la Muralla, Avilés.
Vestigios del lienzo defensivo medieval conservados en alzado e integrados en construcciones posteriores, testimonio de la reutilización del sistema defensivo tras su pérdida de funcionalidad.
Fuente: García Álvarez-Busto, Suárez Manjón y García Fernández (2022).
Nos detenemos ahora en la calle de la Muralla. Aquí se han documentado tramos conservados del lienzo defensivo, algunos de hasta cinco metros de altura.4 La muralla no desapareció: fue absorbida por la ciudad.
La estructura responde a un modelo sencillo: dos paramentos de piedra caliza con un núcleo de relleno, alcanzando anchuras superiores a los dos metros.5 Sobre ella discurría el adarve, el paso de ronda. La muralla, por tanto, es un palimpsesto. En el siglo XVII se acometieron reformas importantes, añadiendo almenas “para que señoreen y adornen la dicha muralla”. Pero ya entonces comenzaba a perder su función militar.
La ciudad crece, y la muralla deja de ser necesaria. Llegamos finalmente a la zona donde se encontraba la puerta del Alcázar.

Imagen 7. Plaza de España, Avilés.
Placa conmemorativa y señalización en el pavimento que indican el emplazamiento de la antigua puerta del Alcázar y el trazado del recinto amurallado medieval, hoy desaparecido.
Fuente: fotografía del autor.
Más allá, extramuros, se extendía el barrio de Galiana y el convento de San Francisco.

Imagen 8. Iglesia de San Nicolás de Bari (antiguo convento de San Francisco), Avilés.
Conjunto conventual fundado en el siglo XIII extramuros de la villa, vinculado a la implantación de las órdenes mendicantes y a la expansión urbana más allá del recinto amurallado.
Fuente: fotografía del autor.
Este paso (de dentro a fuera) es también espiritual. Las órdenes mendicantes se establecen fuera de la muralla, marcando una nueva forma de religiosidad urbana.
Antes de concluir, nos detenemos en la fuente de los Caños de San Francisco.

Imagen 9. Fuente de los Caños de San Francisco, Avilés.
Elemento hidráulico vinculado a la traída de aguas de época moderna desde Valparaíso, relacionado con posibles aperturas o postigos en la muralla para su integración funcional en el sistema urbano.
Fuente: Ayuntamiento de Avilés (proyecto de restauración).
Incluso aquí, la arqueología ha documentado posibles aperturas en la muralla (postigos) vinculados a la gestión del agua.
Al terminar la visita, uno comprende que la muralla de Avilés no se recorre como se recorren otras. No se impone a la vista. Se esconde.
Y, sin embargo, sigue ahí.
No como monumento, sino como estructura profunda de la ciudad. Como memoria. Como límite que, incluso desaparecido, sigue organizando el espacio y la forma de habitarlo.
- Ayuntamiento de Avilés, “Calle de la Ferrería”, https://aviles.es/w/calle-la-ferreria (consulta: 24 de abril de 2026). ↩︎
- Alejandro García Álvarez-Busto, Patricia Suárez Manjón y Alicia García Fernández, “Intervención arqueológica en el tramo nororiental de la muralla de Avilés”, en Excavaciones Arqueológicas en Asturias 2017–2020 (Oviedo: Consejería de Cultura, Política Llingüística y Turismo, 2022), 252 ↩︎
- Ibid., 251. ↩︎
- García Álvarez-Busto, Suárez Manjón y García Fernández, “Intervención arqueológica…”, 263. ↩︎
- Ibid., 260 ↩︎
Bibliografía
Ayuntamiento de Avilés. “Calle de la Ferrería”. https://aviles.es/w/calle-la-ferreria (consulta: 24 de abril de 2026).
García Álvarez-Busto, Alejandro, Patricia Suárez Manjón y Alicia García Fernández. “Intervención arqueológica en el tramo nororiental de la muralla de Avilés”. En Excavaciones Arqueológicas en Asturias 2017–2020. Oviedo: Consejería de Cultura, Política Llingüística y Turismo, 2022.
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