
Figura 1. Nuestra Señora de Marzo en el ángulo noreste del claustro bajo de Silos. La piedra parece despertar entre la luz y el silencio del monasterio. Fotografía del autor.
1. Introducción: El Despertar de la Piedra
En el rincón más sereno del Monasterio de Santo Domingo de Silos, lugar al que regreso cada vez que paso unos días en la hospedería, vuelve siempre a mi memoria aquella expresión de San Juan de la Cruz: «la música callada, la soledad sonora». Allí, poco antes de los oficios de la liturgia de las horas, en el ángulo noreste del claustro bajo, habita una presencia que parece alterar el silencio mismo de la piedra románica. Frente a ella, casi de manera inconsciente, termino recitando en latín aquella oración que tantos aprendimos en la infancia, el Ave Maria, una plegaria que no solo pertenece a la memoria personal, sino también a siglos de repetición monástica, de voces apagadas entre claustros, de generaciones enteras que encontraron en María un refugio y una puerta hacia Cristo. Allí, entre capiteles, sombras y luz tamizada, se encuentra Nuestra Señora de Marzo, una de las imágenes marianas más singulares conservadas en el ámbito monástico castellano.1 Su monumentalidad sorprende incluso hoy: la escultura alcanza aproximadamente los 225 centímetros de altura, una dimensión excepcional para una imagen sedente medieval destinada a un espacio claustral.2
La historiografía tendió durante décadas a situar esta obra hacia finales del siglo XII y comienzos del XIII, dentro de un románico tardío muy vinculado al hieratismo monumental de Silos. Sin embargo, los estudios desarrollados por María José Martínez Martínez han permitido reconsiderar su cronología y atribuirla al último tercio del siglo XIII, en un momento en el que los modelos góticos comienzan a introducir una nueva sensibilidad artística basada en el volumen, el movimiento y una mayor humanización de las figuras.3
La Virgen de Marzo no puede comprenderse únicamente como una escultura devocional. Su ubicación dentro del claustro, su escala monumental y su compleja iconografía revelan una función profundamente simbólica. La imagen se inserta dentro de un espacio pensado para la contemplación monástica, donde cada relieve, cada capitel y cada recorrido poseían una dimensión espiritual. En este sentido, la figura de María actuaba como presencia protectora y mediadora dentro de un itinerario visual y teológico que conducía desde el claustro hacia la iglesia.

Figura 2. El claustro bajo de Silos espacio de silencio y tránsito espiritual. Entre sus capiteles, la Virgen de Marzo permanece como presencia viva dentro del universo simbólico del monasterio. Fuente: Junta de Castilla y León, https://www.jcyl.es/jcyl/patrimoniocultural/guiaMonStoDomingoSilos/index.html
Su advocación, además, no deja de ser significativa. El nombre de “Virgen de Marzo” ha sido relacionado tradicionalmente con el mes de la Anunciación y con el despertar primaveral asociado al ciclo litúrgico y natural.4 No resulta difícil imaginar cómo la luz penetrando en el claustro durante determinadas horas del día incidía sobre los pliegues de la escultura, generando una teatralidad visual que reforzaba su dimensión simbólica.
2. Análisis Artístico: Entre el Hieratismo Románico y la Sensibilidad Gótica
La investigación moderna ha vinculado la obra al denominado “Maestro de la portada occidental de Toro”, un escultor relacionado con talleres activos en Carrión de los Condes y conectado con importantes programas monumentales de Palencia, León y Zamora.5 Esta atribución sitúa la escultura dentro de un contexto artístico mucho más amplio, donde circulaban modelos, técnicas y lenguajes formales entre distintos centros monásticos y catedralicios del norte peninsular.
Desde un punto de vista formal, la imagen manifiesta claramente la transición entre dos mundos artísticos. Aunque conserva elementos heredados del románico, especialmente en su frontalidad y monumentalidad, introduce ya soluciones propias del lenguaje gótico.
Uno de los aspectos más relevantes es la disposición del Niño Jesús. En las representaciones románicas tradicionales de la Sedes Sapientiae, el Niño suele aparecer rígidamente centrado sobre el regazo de María, reforzando la idea de simetría y eternidad.

Figura 3. Virgen de Ger (siglo XII), uno de los modelos más representativos de la Sedes Sapientiae románica catalana. La frontalidad rígida y la disposición central del Niño reflejan el hieratismo característico del románico pleno. Imagen: https://www.museunacional.cat/es/virgen-de-ger
Aquí, sin embargo, el Niño se desplaza hacia la pierna izquierda de la Virgen, rompiendo la estricta axialidad y aportando una sensación de movimiento y naturalismo.6
Los pliegues de la indumentaria revelan igualmente esta evolución. Aunque todavía existe una cierta repetición geométrica heredada del románico, los paños comienzan a adquirir mayor profundidad y dinamismo. Martínez Martínez destaca especialmente las bocamangas anchas de forma rectangular y el ceñidor con hebilla como rasgos característicos del taller escultórico al que pertenece la obra.7
El tratamiento de los rostros también resulta significativo. Frente a la severidad distante del románico pleno, aquí se percibe una leve suavización de las facciones y una búsqueda de corporeidad. María deja de ser únicamente un trono simbólico para adquirir una presencia más humana, aunque sin perder su solemnidad sacra.
3. Policromía, Restauración y Permanencia Material
Otro de los aspectos fundamentales para comprender la escultura es su policromía. La imagen fue repintada en 1652 dentro de un proceso general de renovación estética del claustro y de varios espacios monásticos.8 Este dato resulta especialmente interesante porque demuestra cómo las imágenes medievales continuaron siendo reinterpretadas y adaptadas a nuevas sensibilidades devocionales a lo largo de la Edad Moderna.
Con frecuencia, el imaginario contemporáneo tiende a concebir la escultura medieval como piedra desnuda, pero la realidad histórica era muy distinta. Las imágenes estaban policromadas y concebidas para interactuar con la luz, el color y el espacio litúrgico. En el caso de la Virgen de Marzo, la restauración moderna ha permitido conservar parte de esta riqueza cromática, haciendo visible el juego de volúmenes y profundidades que originalmente habría impresionado al monje y al peregrino medieval.
La permanencia material de la obra durante siglos constituye además un testimonio excepcional de continuidad cultural. La escultura ha sobrevivido a reformas arquitectónicas, cambios litúrgicos y transformaciones históricas profundas, permaneciendo como una presencia silenciosa dentro del claustro de Silos.
4. Iconografía: La Sedes Sapientiae y el Trono de Salomón
Desde el punto de vista iconográfico, la Virgen de Marzo pertenece al modelo de la Sedes Sapientiae (“Trono de la Sabiduría”), una de las formulaciones marianas más importantes del pensamiento medieval. María aparece aquí no solo como madre de Cristo, sino como el trono vivo sobre el que descansa la Sabiduría divina encarnada.
Esta concepción hunde sus raíces en la tradición patrística y en la exégesis medieval, donde María era interpretada como el receptáculo perfecto de la Encarnación. Su cuerpo se convierte simbólicamente en templo, sede y puente entre lo humano y lo divino.
Uno de los elementos más extraordinarios de la escultura es el banco sobre el que se encuentra sentada la Virgen, decorado en sus extremos con leones.9 Esta disposición ha sido interpretada como una evocación abreviada del Trono de Salomón, descrito en el Antiguo Testamento y ampliamente reutilizado en la iconografía medieval como símbolo de sabiduría regia y justicia divina.
La asociación no es casual. En textos medievales como el Speculum humanae salvationis, María aparece vinculada tipológicamente al trono salomónico, convirtiéndose en el lugar donde se manifiesta la Sabiduría eterna.10 La imagen de Silos traduce visualmente esta compleja construcción teológica mediante un lenguaje escultórico perfectamente inteligible para el pensamiento medieval.
El Niño Jesús sostiene además un libro abierto en su mano izquierda. Este detalle lo presenta no como un simple infante, sino como el Logos, el Verbo divino que enseña y bendice. Su gesto remite a la figura del Cristo Maestro, tan característica de la iconografía medieval occidental.

Figura 4. Detalle del Niño Jesús sosteniendo el libro abierto, símbolo del Logos y de Cristo como Maestro de Sabiduría. Fuente: fotografía del autor.

Figura 5. La denominada “Portada de las Vírgenes”, acceso entre el claustro y la iglesia monástica, junto al espacio ocupado por Nuestra Señora de Marzo. Fuente: Junta de Castilla y León, https://www.jcyl.es/jcyl/patrimoniocultural/guiaMonStoDomingoSilos/el-claustro/index.html
La ubicación de la Virgen dentro del claustro posee una enorme importancia simbólica. La escultura se encuentra próxima a la denominada “Portada de las Vírgenes”, el acceso que comunicaba el claustro con la iglesia románica.11 Este emplazamiento transforma la imagen en una auténtica mediadora espacial y espiritual.
En la teología medieval, María era frecuentemente identificada como Porta Coeli (“Puerta del Cielo”), una fórmula que expresa su función como vía de acceso hacia Cristo. Situada junto al tránsito arquitectónico hacia la iglesia, la Virgen de Marzo convertía el recorrido físico del monje en una experiencia cargada de significado espiritual.
El claustro medieval no era un simple patio interior. Era un espacio de contemplación, lectura y circulación ritual. Cada elemento escultórico participaba de un programa visual coherente destinado a reforzar la experiencia espiritual de la comunidad benedictina.
En este contexto, la Virgen de Marzo representa también una transformación profunda de la espiritualidad occidental. Frente a la severidad trascendente del románico pleno, la sensibilidad del siglo XIII comienza a buscar una relación más cercana y afectiva con lo divino. María aparece todavía como reina y trono sagrado, pero al mismo tiempo adquiere una humanidad más tangible, más accesible para la devoción.
La piedra ya no es únicamente símbolo de eternidad; comienza también a expresar emoción, volumen y presencia humana. Precisamente ahí reside la fuerza extraordinaria de esta escultura: en el instante en que el mundo románico todavía permanece, pero empieza lentamente a despertar hacia otra sensibilidad.
“Este despertar de la piedra en Silos no es un fenómeno aislado, sino el reflejo de una transformación mayor en la psique europea. Para comprender por qué la figura de María desplazó el centro de gravedad de la devoción medieval, debemos analizar su ‘biografía espiritual’ y cómo su papel como mediadora redefinió el pensamiento teológico desde los reinos hispanos hasta el corazón de Europa. [Sigue leyendo en la sección de Teología: María, la biografía del alma medieval]”
- https://www.jcyl.es/jcyl/patrimoniocultural/guiaMonStoDomingoSilos/index.html ↩︎
- María José Martínez Martínez, “El maestro de la portada occidental de Toro y Nuestra Señora de Marzo en Santo Domingo de Silos”, en Silos. Un milenio. Actas del Congreso Internacional sobre la Abadía de Santo Domingo de Silos. IV Arte, ed. Alberto C. Ibáñez Pérez (Burgos: Universidad de Burgos – Abadía de Silos, 2003), 593 ↩︎
- Martínez Martínez, “El maestro de la portada occidental de Toro”, 595. ↩︎
- Martínez Martínez, “El maestro de la portada occidental de Toro”, 600. ↩︎
- Martínez Martínez, “El maestro de la portada occidental de Toro”, 596 ↩︎
- Martínez Martínez, “El maestro de la portada occidental de Toro”, 598. ↩︎
- Martínez Martínez, “El maestro de la portada occidental de Toro”, 598–599. ↩︎
- Martínez Martínez, “El maestro de la portada occidental de Toro”, 599. ↩︎
- Martínez Martínez, “El maestro de la portada occidental de Toro”, 601. ↩︎
- Martínez Martínez, “El maestro de la portada occidental de Toro”, 601. ↩︎
- https://www.jcyl.es/jcyl/patrimoniocultural/guiaMonStoDomingoSilos/el-claustro/index.html ↩︎
Bibliografía
Gómez-Moreno, Manuel. Catálogo monumental de España. Provincia de Burgos. Madrid: Ministerio de Instrucción Pública, 1924.
Martínez Martínez, María José. “El maestro de la portada occidental de Toro y Nuestra Señora de Marzo en Santo Domingo de Silos”. En Silos. Un milenio. Actas del Congreso Internacional sobre la Abadía de Santo Domingo de Silos. IV Arte, editado por Alberto C. Ibáñez Pérez, 593–601. Burgos: Universidad de Burgos – Abadía de Silos, 2003.
Pérez Carmona, José. Arquitectura y escultura románicas en la provincia de Burgos. Burgos: Aldecoa, 1959.
Yarza Luaces, Joaquín. Santo Domingo de Silos. Madrid: Encuentro, 1998.
https://www.jcyl.es/jcyl/patrimoniocultural/guiaMonStoDomingoSilos/index.html
Descubre más desde eddaoscura.com
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
